2006 Obra
Artes Visuales
¡PRÓXIMO ESTRENO!
Dibujos
Literatura
Siempre frecuenté la literatura como lector, ocasionalmente escribía algún texto. Desde 1984 creció mi interés por ella, hoy ocupa el lugar principal.
Preferiría lectores reflexivos que perciban los espesores textuales, que espíen los secretos del número y la geometría, que atraviesen el puente tendido hacia el enigma que asoma desde la otra orilla.
Novela:
Tras la aurora (180 p.)
Dos hermanos buscan a un amigo, que nunca volverán a ver, pero encontrarán el manuscrito que escribía. Leen, experimentan y deciden publicarlo. Relata la formación de un grupo poco frecuente, en la década del setenta, entre el final de una dictadura y los primeros años de otra. Una historia de compromisos y abandonos, de alturas y bajezas, de arrepentimientos y renuncias. Narración nocturna y diurna, de un claroscuro tragicómico, pusilánime y heroico.
PRÓLOGO
Revisamos nuevamente y allí estaba la puerta.
Sentí que un papelito rosa, al comienzo de Aurora de Nietzsche, era el Sésamo, ¡ábrete! de Alí Babá:
¡CUANTAS AURORAS HAY QUE TODAVIA NO HAN LUCIDO!
CARPETA 8
La cita del Rig Veda señalaba un camino, no imaginamos su descenso infernal.
Una semana antes de este primer signo, en junio de 1980, el solitario anochecer de su pequeño dúplex me hizo recordar el día que conocí a Bernardo Real. El Museo Provincial de Bellas Artes de
—¿Qué opina?
Giré mi cabeza hacia la voz y contesté:
—Es muy interesante.
—¿Qué busca usted en el arte?
—La expresión del color y de la forma.
—Se contenta con poco.
—También el mensaje, claro.
—¿Cuál ve aquí?
—Aún ninguno.
—Ni lo hallará.
—¿Por?
—No tiene, es plano.
—Al contrario, hay profundidad, fíjese en la perspectiva.
—No me refiero a eso: es un arte que llena los ojos, pero no el alma, está vaciado de contenido.
—Las obras de arte siempre dicen algo.
—Las obras de arte, sí. De cualquier manera, todo el universo habla desde niveles superiores e inferiores.
—¿Racismo?
—El cosmos es jerárquico.
—A ver si entiendo: formas y colores siempre son expresivos, el continente es el contenido, el medio es el mensaje. Pero habría obras más artísticas que otras. Según usted, ¿qué falta aquí?
—El autor es un desconocido.
—¿Qué? ¿Con su amplia trayectoria internacional?
—No aludo a sus antecedentes, me refiero a él: se desconoce a sí mismo.
—Nadie se conoce.
—No crea, aunque en parte es cierto.
La presentación de la muestra interrumpió nuestro diálogo. Reconocí que algo me atrajo de él a pesar de su actitud pontificadora. Meses después me saludó desde un café y comenzamos a frecuentarnos.
El frío me inquietaba más que la tardanza de Bernardo Real y opté por irme.
El departamento no había cambiado cuando volví por la mañana. Pasé por su oficina y estaba cerrada. Lo busqué hasta el mediodía, después trabajé y volví a mi casa. Mi hermana me esperaba y retornamos al dúplex. No queríamos reconocer la silenciosa sospecha que nos amargaría la vida durante los próximos años.
Hasta que comprendimos.
Insistimos una y otra vez, todavía esperanzados de hallarlo. Nada. Tratamos de seguir algún indicio. Fracaso. Organizamos el fin de semana para recorrer los lugares habituales. Inútil. El lunes estábamos a la misma hora, intercambiando las mismas palabras y con las mismas dudas. Sentíamos un hueco en el pecho que no llenaríamos por mucho tiempo.
Hasta que comprendimos.
La carpeta apareció junto a una enciclopedia de animales, casi al amanecer. Tenía doscientas cinco páginas, y faltaban algunas. Hojeamos sin entender, percibiendo un mundo del que estábamos excluidos, como si fuese otro Bernardo Real, quizá varios, a quien nadie tenía acceso, por lo menos no nosotros.
Divino Dante (230 p.)
La novela comienza en la página 3 y termina en la 4, pero luego de recorrer 230 páginas y tras girar el libro. La fractura espacio-temporal del relato y la utilización convencional del volumen como objeto cifra su historia. El narrador cuenta cómo se remontó a las estrellas desde la plaza central de
CAPITULO 1.- TINIEBLAS
Pero no podrán atraparme, Rollo, ya lo verás. Asomaré la cabeza de nuevo.
Los que valemos, siempre, salimos a flote.
Graham Green - El tercer hombre
¿Quién?
¿Quién soy?, me pregunté, mientras sonaba la última campanada de dos mil.
El cuadrado verde y blanco de la plaza Moreno platense contenía mi derrumbe.
¿Quién soy yo?
Regularidad urbana, diagonales tortuosas, laberinto cartesiano.
¿Quién soy, quién?
La noche lujuriosa engañaba mis sentidos, su soberbia cubría mi humildad, su aullido anunciaba mi fracaso.
¿Quién soy yo, quién soy?
Las tinieblas ceñían mi cuerpo.
¿Quién o qué?
Descuidaba y posponía, omitía obrar y luego ya era tarde, perdía por falta de alerta, escurriéndose todo entre mis dedos pues no veía, ni oía, ni entendía, y si lo hacía, no actuaba.
Cumplí con tu tarea, noche, y aplastame para siempre bajo tu negrura sin luna ni estrellas, sin ángeles ni santos, sin cielo ni dios.
No me mires más, noche, ni me cantes: aniquilame o aniquilate.
Rondé y me senté a contemplar mi laxitud abúlica. Rondas y sentadas. Me levanté, corrí, desesperé, traté de no caer, caí, me dormí, desperté embotado, postergué.
Memoria, lenguaje, pensamiento, idea.
¿Qué recuerda mi recuerdo?, me preguntaba. Mi brazo, el golpe dado; mi sexo, las caricias recibidas.
¿Cómo recordaría el registro completo de mi vida: músculos, órganos, fluidos? ¿Soporto o tolero o evito o extermino o aniquilo el mal o lo malo o lo maligno o la malicia? Si comprendo mi debilidad, me vuelvo fuerte, afirmé, pero ¿cómo rastreo la comprensión final? Desenterrar, desenterrar, vuelvan los muertos vivos a morir dignamente para resucitar.
Retornaba a los viles laberintos de la mente, de las emociones y del cuerpo, sin centro ni bordes, maraña texturada de túneles donde yo corría tras los brillos y equivocaba la dirección y el sentido, sobreexcitado por las sirenas de la mediocridad.
Lloré, lloré y lloré.
Las lágrimas alimentaron el remordimiento que produjo más llanto, e invaginado sobre mí mismo, retomé el proceso inconcluso. ¿Qué ofrecería si no, un manjar a medio cocer? Pero en mi pecho suspiraba la angustia del agua estancada, lago negro y muerto.
Levántate y anda, dijeron, y Lázaro revivió, el pobrecito.
Mi ignorancia de Eros me sumergía sediento en las aguas turbias, insaciable, irredento, inmóvil. ¡Luz, más luz!, parodié, porque una palidez cenicienta se deslizaba silenciosa por mis vísceras desesperanzadas.
Elevé un canto, elevé otro y uno más.
Gigantes encaramados en el poder mundial exhiben sus soberbias crestas erguidas, se pavonean altaneros, pretenden aniquilar toda oposición, combaten al rebelde y subyugan a quien se pliega con docilidad. Violan
Cien años de exilio (205 p.)
Acaso la última descendiente de una familia italiana relata un siglo de exilio en Argentina, escoltada por un universo empeñado con la regresión. Inversamente, un diario oculto de Friedrich Nietzsche, heredado por la narradora de manos del narrador de Divino Dante, progresa desde el fondo de los tiempos. Las historias se interceptan con
FRAGMENTO INICIAL
Un íntimo amigo de mi padre me encomendó, del mismo modo que la madre de la abuela Germaine a su hija, aunque más difícil para mí, la tarea de continuar su trabajo, que abandoné por contraórdenes, dijo.
Domingo Bernárdez se retiró hace muchos años a los alrededores de
Mi texto retrocederá porque incluye una historia retrógrada; en cambio el suyo, que no es suyo y habría de llamarse Nietzsche ha muerto, viva Nietzsche, avanzará; se cruzarán, seguirá cada uno sus propias huellas y se bifurcarán.
Domingo Bernárdez sólo decía en su prólogo:
¿Quién?
Bernardo Real concluyó así el texto que creí pertenecía a quien lo presentó como libro, hoy inhallable, en el Pasaje Dardo Rocha de
Todo concluido.
Yo había retomado mi trabajo en la administración pública y fabricaba tapices que vendía en la feria artesanal de plaza Italia. También recorría editoriales para publicar Divino Dante: no conocía a nadie del ambiente y nadie me conocía.
Difícil.
Inventé una gacetilla multicopiada para transcribir textos firmados por algunos de los que me encontré en mi aventura sideral. Carmen Duplayer colaboraba desde París —aún está allí, al tope del eje de la torre Eiffel—; Armando Fontana, desde Roma —¿desde dónde, si no?—; Bernardo ya había bajado a Barcelona. Logré algunos auspicios culturales, pero el texto no interesaba.
Recordé, creo haber recordado, no sé si un sueño o algo que me dijo en verdad Nietzsche: debía enterrar mi pasado en Turín, bajo un preciso árbol de las afueras.
¿Qué significaba?
Sabía dónde estaba el árbol y cómo era porque él me lo mostró, o porque imaginé o soñé uno en un mapa.
¿Aún existiría?
¿Qué hago?, me pregunté, ¿sigo delirando?
Iría.
Pero, ¿qué significaba enterrar mi pasado? ¿Y cómo?
Pensé en Buda: me sentaría a su sombra, la de Gautama y la del árbol, hasta que ocurriera el acontecimiento. Inactivo para actuar por completo, recordé.
Turín.
No era a la vuelta de casa.
¿Por qué Nietzsche no siguió la lógica de que enterrara mi pasado en mi ciudad, si aquí está? Yo era mi vida en
¿O no?
Aún mantenía resabios conceptuales vulgares: aquí, allá, hoy, mañana.
Junté estúpidamente algunos objetos conservados en mi casa familiar: el reloj inutilizado que mi padre, a quien nunca le interesó la hora, había ganado con algún paquete de yerba; un babero y un patito de lata, salvados de mi despojo, que mi madre conservó como tesoros durante cuarenta años; una caja de madera con piezas de ajedrez; la carta de una chica falsificada por mí, gracias a mi solitario sentimiento de inferioridad adolescente. Enterraría esas reliquias bajo el lado norte del árbol, el próximo quince de octubre al mediodía, según me indicara Nietzsche, o mi sueño.
Turín no cayó bajo mi dedo cuando hice girar el globo terráqueo para elegir mi huida de la última década infame. Al final, había producido un exilio interno sin moverme del barrio, salvo que me remontaron a las estrellas.
Turín.
Busqué en un mapa: cerca de la frontera francesa, al borde dei Alpi Marittime.
Ecco Torino.
Euro/tango (224 p.)
Una novela, una película dentro de otra, un ensayo. Fragmentos. Una biografía, una carta natal, crónicas cinematográficas. Fragmentos. Espacios múltiples, tiempo lábil, sueños confusos. Fragmentos. Un personaje zumbón que se mete en todo y, a su modo, los recorre. Fragmentos.
euro/tango es un rizoma con estallidos ocasionales, aquí y allá. Un espacio-tiempo fragmentario que de tanto en tanto se pliega y da a luz otro fragmento.
FRAGMENTO INICIAL
(Gianfranco Lapaglia yace de espaldas, con sus brazos en cruz sobre el atrio de la catedral de
La catedral y yo nos desvanecemos en el aire.
La esperanza, siempre conflictiva la esperanza. La fe, menos. Nunca me ocupé de la caridad.
¿Verdad?
¿Dar el ver?
¿Verde?
Esperanza, San Pereza, la pereza de esperar.
¿Qué?
Dejad toda esperanza, vosotros que entráis.
¿Penetré, me extravié, no pude salir, quedé atrapado y perdí mi esperanza?
¿Quienes se atraviesan por completo, se despojan de su lastre y ascienden?
¿Pierden todas las pieles, todas las carnes, todas las vísceras, todos los huesos, todas las médulas?
¿Quedan desnudos, maravillosamente inactivos y, por fin, solos?
¿Para qué la voz, las palabras, los sonidos?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué el sentido?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué el más allá?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué Dios?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué dioses?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué el poder, la riqueza, la fama?
Consuelo esperanzador.
¿Para qué matar, robar, defraudar, traicionar?
Consuelo esperanzador.
No quiero esperanzas ni consuelos.
¡Amargura!
No.
¡Pesimismo!
No.
Todos ellos son valores y actitudes en extinción.
¡Inhumano!
17/03/08 · 0 comentarios · Autor: rexonart ·